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por Juan Jose Olivares

Ali Stone, Marcela Viejo, Luisa Nicholls y Teresa Corral, creadoras latinoamericanas
(Parte 2)

“Con mi música quiero inspirar a otras a que se atrevan a soñar”

 

Luisa Nicholls es de Medellín. Es cantautora, productora… una soñadora. Desde muy temprana edad descubrió lo que siempre fue su pasión: la música y el arte. Es una paisa aguerrida e intensa a la que le gusta experimentar, hacer todo lo que se pueda.

Desea “trascender, evolucionar; no limitarse a hacer lo que todo mundo. No aplicar las mismas fórmulas, el mismo sonido. Tratar de innovar, buscar una identidad”, comparte con Native Instruments (NI).

Luisa se empodera con sus acordes, sus ritmos y sus armonías. Experimenta. No tiene miedo pero sí muy claro a dónde va. Ha sabido llevar su música por toda Colombia y ahora quiere por toda Latinoamérica.

Produce, compone y ejecuta. Puede, en alguna canción, crear sonidos de balada que a los segundos muten en urbanos. Le gusta explorar en la vastedad del estudio, que se vuelve su nicho creativo. En el año 2010, bajo el sello Codiscos, Luisa crea sus primeras 3 canciones: Atrapada, Play And Dance y Ya no quiero. Sonaron en la radio y televisión de su país y más tarde, la llevarían a firmar un nuevo contrato con Discos Fuentes, tradicional editora en Colombia, con la que grabó Bailando y El Chaka, Chaka. Su siguiente track, Bandido, de 2016, tuvo unas 330 mil vistas en Spotify.

Se fue a Miami en busca de internacionalizarse como cantante, compositora y productora. Ya fue parte de conciertos como el Fuego Music Festival 2019.

Desde niña tuvo claro que quería vivir de la música. Con ella cruzar fronteras y luego, inspirar a otras a “que se atrevan a soñar”.

Lo que la impulsa en la música son “sus ganas por seguir luchando. Las ganas de marcar la diferencia. De que sus canciones lleguen a todos los rincones, que inspiren. Ser embajadora de sueños”.

Cuando no está componiendo o en un escenario, le gusta estudiar, aprender. Es una obsesionada con obtener el conocimiento. “Producir, tocar, cantar, hacer ejercicio, ya sea montada en un caballo o en una motocicleta motocross… esa es mi vida”.

Su anhelo es “llenar escenarios, producir y componer para muchos artistas, pero lo más importante: contagiar de buena energía y ayudar a sanar a almas; todo, por medio de la música”. Y es compartida: tiene una halo especial para trabajar con otros artistas.

“Cuando trabajo con otros me siento como con un nuevo ADN. Como productora me gusta indagar en todo lo que tenga adentro el creador, lo que quiere proyectar. Ser parte de ese proceso para ayudarlo a entender y encontrar esa singularidad, que es algo, siento que falta o que no se procura en la industria”.

Considera que a muchos productores “les gusta hacer música por hacer, pero cada músico debe tener un sello, un sonido. Y esa es mi responsabilidad como productora: llevarlo a otro nivel”.

Revela que lo primero que hace es preguntarle “qué le gusta, qué música escucha, qué sonido le hace vibrar, qué letra, y entender su personalidad”, para sobre todo, a la gente darle más.

Para ella, lo más gratificante y lo que la llena de fuerza es ser “una embajadora que desea abrir puertas en pro de apoyar al poder femenino”.

Una de las fuentes de inspiración más grande que hay para ella es la naturaleza. “Es el ejemplo de vida más grande que podemos tener. Lo que me oxigena, lo que me recarga, lo que me conecta, lo que me hace llegar a las raíces y ver quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”. Y eso lo representa en cada canción.

La belleza es para ella “el alma, conocimiento. Soy una persona sapiosexual, soy atraída por las mentes. Para mí esa es la belleza. No como uno se ve físicamente, sino lo que tienes adentro, como actúas y cómo te expresas. Cómo afrontas las cosas”.

Luisa se empodera con sus acordes, sus ritmos y sus armonías. Sabe que la mujer del siglo XXI es “la que no tiene límites, que es valiente; una guerrera que no teme y que no le importa el qué dirán. Aquella que no tiene miedo, pero sí muy claro para dónde va. Que sabe cuáles son sus pasiones y talentos; que está con toda la actitud para salir adelante para abrir esas puertas”.

Da saltos cuánticos para llegar a donde quiere, porque, dice, “es gratificante y me llena de fuerza hacer algo en donde las mujeres no somos aceptadas al cien por ciento. Donde nos toca ganarnos las cosas. Pero eso me encanta emprender nuevos caminos. El reto es lograrlo y ganarse el respeto; poder abrir el camino a otras compositoras y productoras”.

Está segura de que puede haber una balanza en “la que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades en todos los ámbitos”.

Comparte que en la industria musical ha tenido que lidiar con la exigencia: “la industria te exige, porque o tienes que ser linda, o siempre te dicen que si eres mujer te va a costar trabajo llegar. Te comentan que tienes que hacer canciones demasiado exitosas o la inversión en ti para poder posicionarte tendría que ser muy grande.”

Reflexiona que ambos géneros tienen un lado femenino y un lado masculino. “Cuando plasmas música no hay diferencia de que algo suene como femenino o como masculino”.

Le entra a lo lírico al igual que a la tecnología, que en la música, para ella, es muy positiva, aunque “ya cualquiera puede hacer un beat, una letra, cantar o grabar, pero hay una cuestión: a veces la gente lo hace por negocio o porque está de moda, pero cuando se hace por pasión, es algo que mueve, porque es algo que deseas proyectar, contagiar con sensibilidad…”

Comenta que con Native Instruments tiene ya “un sentido de pertenencia. Algo que llevo conmigo. Me ha abierto puertas con sus sonidos, sus plug in, sus controladores… me ha ayudado a mejorar mi creatividad. Me ha dado facilidad, y eso me ha ayudado a crecer como artista”.

“No hay plan B en mi vida más que la música”

 

Teresa Corral hace canciones multicolor como las bugambilias del lugar de donde viene: Cuernavaca.

Con sus pétalos hace ruidos y silencios y con ellos, rolas suaves, perfumadas de amor… y otros sentimientos.

Fuera de la alegoría, ella hace synth pop o new wave, rock. Está permeada de esas influencias. Es cantautora, ingeniera de sonido y productora, y en 2018 formó su proyecto solista.

Sueña con “trascender en la mente y el alma de las personas. Transportarlos a otros lugares y por 4 minutos, sacarlos de sus problemas para que se replanteen cosas”.

El ADN de la música lo lleva bien dentro. Para ella no hay plan B en su vida: tiene que dedicarse a la música. Cuando no está componiendo, mezclando o trabajando en un estudio, está en un escenario. “Estar en un proscenio me encanta, lo haga bien o mal, es un privilegio”, afirma Teresa, quien tras estudiar ingeniería en audio, comienza a producir a bandas. Por ahora, hace una maestría en composición.

“Todo el tiempo estoy relacionada con la música. Todo gira alrededor de ella y del audio”, afirma contundente.

Lo que la impulsó a seguir este camino fue su obstinación. “Soy (signo zodiacal) Tauro y nadie me puede decir que no puedo. Desde los 8 años se me metió que deseaba aprender a tocar la guitarra. Buscaba y buscaba tutoriales porque para nada fui prodigiosa”.

Al final, estudió el bajo, pero un impulso la llevó a la academia a estudiar seriamente ingeniería de sonido. Estar en las consolas y operarlo todo. “Me metí en la carrera de audio. Quiera ser Popstar a la vez de estar al frente de una consola. Ser la capitana del avión”.

Sus sencillos Frecuencias, Mediocre y Veneno la erigen como ave que canta y crea, y además vuela por variados lares.

“La mujer desde el inicio de los tiempos ha tenido esta habilidad de ser multitarea”, confiesa. “Lo veo en mis amigas, en mis familiares; es por instinto. Ver que somos éso ha ayudado a romper estereotipos, paradigmas y tabúes. En especial esta generación de jóvenes adultas que son valientes; que no les da miedo lo que digan de ellas y eso, justo por las mujeres que antes han venido trabajando los roles de género por un mundo equitativo”.

No sólo el mundo de la música, sino toda la sociedad en el orbe está dominado por un modelo de patriarcado. Por lo que ella desea ser parte de las que abren “espacio en esta industria en la parte tras el audio, aspecto dominado por hombres”.

Conoce a pocas chicas que estén involucradas en ese proceso. “En cualquier estudio en el que he estado, casi nunca me encuentro a productoras”.

Para dedicarte a la música siendo mujer, acepta, “hay cosas por las que tienes que pasar. Ahora es más fácil que antes pero siempre te encontrarás con la dificultad de que muchos hombres (porque también hay mujeres con actitudes machistas) te orillen a que siempre tienes que demostrar. Todavía piensan muchos que si estás en un escenario es porque tienes un contacto o porque estás bonita”.

Pero, asegura, “lo que tienes que hacer es estudiar, prepararte y con trabajo, callarle la boca a quien te encuentres”.

Pero también, “saber como funciona un master, estudiar de mezcla, de producción, de plugs, de microfonía, de todo… para que no te quieran hacer menos. Es la capacidad de aprender de todo mulktitasking”. Y eso, las mujeres lo tienen muy dominado.

A su modo de ver, las mujeres y los hombres tienen un acercamiento al arte de una manera distinta. “Me he dado cuenta en la calidad del detalle. No porque los hombres no sean detallistas. Ellos son perfeccionistas pero al mismo tiempo medio cuadrados, como que todos quieren seguir al pie de la letra las cosas. Las mujeres productoras le dan giro distinto a las cosas. Se las arreglan como sea. Quizá a lo mejor no funciona pero son creativas para solucionar. No obstante, a ella le “gusta guiar a hombres para expresarles mi visión y ellos me aporten la suya”.

Insiste en que si te quieres dedicar a esta industria “no basta tener una guitarra y hacer canciones bonitas. Se trata de entrarle a todo y sin miedo”.

Para esto, la tecnología, que está al alcance de cada vez más personas, es fundamental, pero, considera que ésta no es nada sin la mente humana detrás: “Tengo este pequeño conflicto con esta nueva generación de productores, que quieren sonar perfectos pero a lo mismo. Todos usan los mismos plugs, y todos tienen el mismo micro, los mismo monitores. Al final, se pierde la sensibilidad porque programar un Do en Ableton no es producir.

Producir, considera, “es tener buen gusto aunque no sepas nada de computadoras. Es una gran ayuda tener conocimiento pero ¿hacer las cosas mecanizadas?”.

Y eso, la facilidad para tener tecnología que ayude a producir hace que puedas ser más independiente para, siendo mujer, puedas hacer lo que desees. Porque a la gente “le interesa lo que les haces sentir con lo que produces, y éso tiene que ver con composición. Eso fue algo que aprendí y plasmé en mi tesis en ingeniería de audio: que no todo es lo que se está diciendo en la canción. Mucho es cómo se está contando y con qué elementos”.

Esos elementos pueden ser los de NI, que “en plugs in de creatividad no tienen límite. Están desarrollados para que uno modelo los sonidos. Está conceptualmente armado como si fuera magia”.

Cree que para no sonar a lo mismo es necesario explorar al silencio, que “es el 50 por ciento de la música. El otro 50 es la melodía, la armonía, el ritmo. No podemos percibir música sin silencio, incluso en un escenario no podemos apreciar al artista si no hay segundos de silencio entre cada canción o cada aplauso”.

El único que miedo que tiene Teresa Corral es gastar tantos años de su vida para “quedar fuera de la música, no trascender en el lugar que quiero estar”.

Pero es sencillo, porque si se desea triunfar nada más hay que “tener musicalidad”, algo distinto a ser experto en teoría musical. Ella sabe que para tener el oído musical hay de dos: “la gente que nace y los que pueden desarrollarlo con buen gusto y buena musicalidad para saber qué funciona. El que se hace con la práctica y al escuchar a los demás.”

Producir para otros es para ella “magia y espiritual. Si no te llevas bien con el artista, afirma, difícilmente vas a hacer que le guste, y tu función es ser paciente para meterte en su cabeza, aprender de sus gustos musicales, de su cultura, sus referencias, sus influencias; de cómo funcionan sus tiempos. Tienes que saber cuándo sí y cuando no. Las canciones son cosas muy personales que a veces pueden invadir privacidad o no hacerle justicia a lo que desean plasmar”.

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